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Sección 6. El artista-filósofo

« El objetivo de mi trabajo nunca ha sido destruir, sino construir, unir. Tenemos que confiar en que la humanidad se acerque entre sí, pues todo será más fácil cuanto más capaces seamos de entendernos. »

Alphonse Mucha

 

Además de aspirar a la unión espiritual de sus compañeros eslavos a través de la Epopeya, Mucha también estaba convencido de que la fuerza inspiradora del arte contribuiría a unir a todos los pueblos en aras del progreso de la humanidad. Para el pintor checo, el arte se había convertido en un instrumento para la difusión de ideas filosóficas, sobre todo las que buscaban conservar la paz para las generaciones futuras y la hermandad universal entre las personas.

Sin embargo, la paz europea tendría una vida breve: las disputas territoriales entre las naciones eslavas recién independizadas no se habían resuelto como es debido en el Tratado de Versalles, y en 1933 Adolf Hitler (1889-1945) se convirtió en canciller de Alemania. En 1938, diez años después de donar la Epopeya eslava a la ciudad de Praga, Mucha vio cómo Checoslovaquia perdía zonas significativas de sus regiones fronterizas con Alemania, Polonia y Hungría, y cómo el 15 de marzo de 1939 las tropas alemanas marcharon sobre Praga. Apenas veinte años después, la independencia de la patria de Mucha era historia, y el artista fue uno de los primeros arrestados por la Gestapo por su condición de ciudadano ilustre y masón. Con el corazón hecho añicos y los pulmones dañados, Mucha murió en Praga el 14 de julio de 1939, diez días antes de cumplir setenta y nueve años.

Al describir a Mucha como un filósofo, esta sección analiza las obras que expresan los intereses humanistas del artista, junto a su reacción ante la amenaza de la guerra en un mundo que cambiaba a pasos agigantados. La exposición se cierra con el último proyecto de Alphonse Mucha: el tríptico La edad de la razón, La edad de la sabiduría, La edad del amor, concebido como un monumento a toda la humanidad.

La intención del artista era que, en ese trabajo iniciado en 1936, cuando la terrible hipótesis de una guerra era cada vez más concreta, apareciesen la razón, la sabiduría y el amor como los tres principios clave de la humanidad, cuya armoniosa combinación propiciaría el progreso del ser humano. Aunque Mucha no pudo concluir el proyecto, los estudios realizados para ese tríptico aún logran transmitir su mensaje de paz universal.

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